
LA QUINCEAÑERA QUE CASI NO SE CELEBRÓ. UNA CELEBRACIÓN INESPERADA DE LA FIDELIDAD DE DIOS.
En la cultura latinoamericana, cumplir quince años es un acontecimiento muy especial: una celebración del paso de la niñez a la juventud. Es un día lleno de vestidos elegidos con ilusión, recuerdos especiales y la alegría de ser homenajeada.
Cada año en La Casa, reservamos un día especial para honrar a las niñas que han cumplido quince años. Mucho antes de que llegue la celebración, comienza la emoción. Las niñas sueñan con los colores de sus vestidos, los zapatos que usarán y cómo se peinarán. Por un momento, pueden disfrutar de la sencilla emoción de ser adolescentes que esperan con ilusión su día especial.
Este año, habíamos marcado el 9 de octubre en el calendario. Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha, nuestros recursos comenzaron a escasear. Empezamos a preguntarnos si tendríamos que posponer, o incluso cancelar temporalmente, la celebración que estas niñas habían esperado durante meses.
Entonces, sucedió algo hermoso.
A medida que más personas conocían nuestra necesidad, comenzaron a dar. Algunos donaron dinero para los vestidos, los zapatos y las joyas especiales. Miembros del personal se ofrecieron a arreglarles las uñas y el cabello. Alguien donó un hermoso pastel para cada niña. Otras personas contribuyeron con las decoraciones, mientras que alguien más donó Biblias. Cada una de nuestras casas colaboró en la preparación de un almuerzo especial.
Poco a poco, todo fue tomando forma.
A principios de esa semana, una de las niñas se acercó a nuestra directora y compartió una observación sencilla, pero profunda:
«He estado observando lo que ha pasado este año, y cada vez que hemos tenido una necesidad, Dios ha provisto».
Y una vez más, así lo hizo.
El 9 de octubre, tres hermosas jovencitas fueron celebradas. Sus familiares y el personal se reunieron para honrarlas. Lo que estuvo a punto de posponerse se convirtió en un hermoso recordatorio de la fidelidad de Dios, manifestada a través de la generosidad y la bondad de los demás.
Para niñas que han experimentado más dolor y pérdidas de los que cualquier niña debería tener que soportar, esta celebración significó mucho más que vestidos bonitos y pasteles de cumpleaños. Fue una oportunidad para recordarles que son vistas, amadas, valoradas y dignas de ser celebradas.
Y quizás lo más importante fue que esta celebración les recordó una verdad que oramos que lleven consigo a lo largo de sus vidas:
Dios me ve. Dios me conoce. Soy una hija del Rey.
A todos los que hicieron posible este día, ¡gracias! Su generosidad hizo mucho más que brindarles una celebración. Ayudaron a crear recuerdos hermosos y les recordaron a estas tres jovencitas que están rodeadas de personas que se preocupan por ellas y las aman.
Esperamos que disfruten de estas imágenes de un día muy especial: ¡la quinceañera que casi no se celebró!
